Si tienes hiperhidrosis sabes lo que significa vivir pendiente de algo que te condiciona tu día a día. No hablo solo de sudor en axilas, que suele ser lo más conocido. Yo tengo hiperhidrosis generalizada —en todo el cuerpo, vaya— (y sé que le pasa a más personas de las que se atreven a admitirlo).
La gota en la frente en cuanto hace un pelín más de calor.
Las manos que se humedecen justo antes de una cita importante y no poder parar de sudar aunque intentes secártelas una y otra vez.
La incomodidad de pensar si habrá olor en algunas zonas o tener que quitarte las zapatillas y pensar si el calcetín estará visiblemente empapado.
Porque la realidad es que la hiperhidrosis no se limita a una zona concreta, puede afectar a distintas partes del cuerpo y condicionar completamente tu vida y tu manera de relacionarte.
Mi historia
En mi caso, todo empezó en el colegio.
Recuerdo especialmente las clases de educación física. Un día, mientras hacía abdominales, al levantarme de la colchoneta vi que la había dejado completamente empapada de sudor.
Y con los años fue a más.
El deporte dejó de ser algo normal para mí y se convirtió en un suplicio: desde elegir la ropa correcta para que no se traspase el sudor a evitar tocar a mis compañeros o que ellos me toquen a mí (porque literalmente parecía que acababa de salir de la ducha).
Lo que peor llevaba es que la ropa empezó a convertirse en un auténtico problema. No podía elegir cualquier color o tejido porque a la mínima se me notaba el sudor.
En la universidad, hacer exámenes era otro nivel. Dejaba el papel mojado (las manos chorreaban) y eso aumentaba todavía más mi ansiedad —y, a la vez, también el sudor—.
Las entrevistas de trabajo eran un reto. Igual que las citas… qué decir de las citas…
Y quizá lo más duro no era solo el sudor, sino empezar a evitar ciertas cosas o situaciones.
Lo que la gente no entiende
Uno de los aspectos más difíciles de la hiperhidrosis es sentirse incomprendido.
Escuchar frases como:
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- “Todo el mundo suda”
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- “No es para tanto”
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- “Solo es sudor”
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- “Cámbiate de camiseta y ya está”
Sé que quien no tiene esta enfermedad no lo entiende, pero esos comentarios no reflejan lo que se vive desde dentro.
Porque no es solo sudor.
Es vergüenza.
Es evitar situaciones.
Es estar condicionado constantemente.
Es sentir que tu cuerpo no responde como debería.
Y no, no se soluciona con una camiseta de repuesto.
Cuando todo se desborda
En mi caso, hubo un momento en el que todo esto me superó.
Hablando con otras personas que lo sufren, todas coincidíamos en lo mismo: no es una molestia leve, no es «solo sudor»… es algo que puede llegar a ser realmente agotador a nivel mental y emocional.
Y fue entonces cuando empecé a buscar soluciones de forma más seria.
Lo que he probado
He pasado por casi todos los tratamientos que existen (salvo la operación):
- Cremas
- Desodorantes
- Axhidrox
- Ditropam
- Botox
- Iontoforesis
Y de todas ellas, la que mejor resultado me ha dado hasta ahora es la iontoforesis.
Lo importante
Si estás leyendo esto, no quiero decirte que “no es para tanto”, porque sí que lo es. Pero tampoco creo que la única opción sea resignarse a vivir con esto sin más.
Hay formas de entenderlo mejor, de controlarlo y de recuperar parte de la tranquilidad diaria.
Este espacio existe precisamente para eso: para compartir lo que funciona, lo que no, y para que nadie tenga que vivir esto completamente solo.
Hola, me gustaría saber si puedo contactar contigo. Tengo problemas de sudoración en manos y estoy desesperada gracias
Hola, Cristina:
Gracias por escribir. Sé perfectamente lo que se siente y, de hecho, es una de las razones por las que he creado este blog.
Poco a poco voy subiendo artículos sobre mi experiencia y también sobre cosas que pueden ayudar a mejorar la situación en el día a día.
Si quieres, puedes contarme un poco más sobre lo que te pasa (manos, axilas, etc.), así puedo tenerlo en cuenta para los próximos artículos del blog y hacerlo lo más útil posible para más personas.
Un abrazo 😊.